REFLEXIÓN DE LA ENSOÑACIÓN DE UN LOCO

REFLEXIÓN DE LA ENSOÑACIÓN DE UN LOCO

Sentado en el borde de la cama, con la piel perlada de sudor, anonadado portan extravagante sueño, me puse a pensar en su significado, en sus causas. No creía ni creo, que los sueños puedan ser premonitorios, pero sí en la causalidad que puede conformarlos o al menos orientarlos. Analicé los días anteriores para ver si subyacía alguna extraña experiencia que me hubiera pasado desapercibida, pensé en la cena de la noche anterior por si hubiera sido demasiado abundante, pero era frugal, casi insignificante, no podía achacarlo a bebidas ya que no tomaba alcohol. Después de desechar un enorme abanico de posibles causas, llegue a analizar mi siquis, debería ser algo que pasaba inadvertido.

Comencé por el estrecho sendero flanqueado por bellas flores, y empecé a entender la causa. Yo tenía menos de 30 años y mi sensibilidad en mis enamoramientos tan solo alcanzaba a la persona amada, no a su entorno y mucho menos a su ambiente. Más bien se reducía a lo que yo sentía y deseaba cuando estaba con ella. Entendí que la presencia del prado verde y las flores me indicaban que estaban ahí y yo en mi delirio amatorio las ignoraba. Sin embargo aquello que era etéreo en el sueño, incorpóreo, intangible, era en lo que me centraba, ignorando su sentir, sus sentimientos, su placer en lugar de mi placer. Fui observando, que todo aquello que ignoraba era la esencia del sentir, del ser feliz, de conseguir una comunión con el ser amado.

Fui repasando cada detalle de la loca ensoñación vivida y todo ello me condujo a entender que estaba equivocado, que tenía que sentir a través del ser amado, sus sentimientos, emociones, alegrías, pesares sorpresas, incluso el momento cumbre del acto del amor debería sentir el suyo como mío. Y me propuse, ser más sensible a lo etéreo, a lo que me rodeaba cada día, cada momento, cada instante, e integrarlo a mis emociones.

Lo hice, y el resultado fue asombroso, no sentía por mí, lo hacía por el aire y la brisa, por la belleza de la naturaleza, a través del sentir del ser amado, y de ese modo conseguía una comunión de los cuerpos y espíritus entre sí y con el medio. Disfruté más y encontré una paz que nunca había tenido.

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