¿Qué es el amor?

¿Qué es el amor?

 

Siguiendo mi criterio llamarlo “momentos de sentimientos”, porque para llegar a saber que se siente amor, antes debemos habernos dado cuenta de que nuestra vida y forma de verla ha cambiado, pero llegamos a ello a través de pequeños matices que no somos capaces de distinguir individualmente, quizá porque no estamos acostumbrados a observar nuestras reacciones y menos aún la de los demás, incluida la persona que está despertando nuestro amor. Si nos detuviéramos a hacerlo aunque solamente fuera en forma superficial, nos daríamos cuenta que tanto nuestra mente como nuestro cuerpo nos van indicando los diferentes grados, o estadios en los que nos encontramos, pues uno de los primeros pasos es que en forma imperceptible somos algo más optimistas, pero a la vez reaccionamos más rápidamente tanto en las cosas alegres como en las tristes, nuestra alma se ha vuelto más sensible, pero no es solo esto. Si nos observamos veremos que cambia hasta la textura de nuestra piel, el tacto de nuestro pelo y las constantes vitales, pero como no lo hacemos, nos damos cuenta al final, cuando todo estalla como una noche de fuegos artificiales, entonces nos enteramos de que nos hemos enamorado.

 

Yo me pregunto, ¿No se pierde la persona al no sentir estas minúsculas percepciones o cambios, lo más bello del amor? ¿No es un poco como ver crecer un niño y darse cuenta de que uno es madre o padre cuando se va a casar el hijo?

 

El amor a mi entender debe cuidarse desde que nace y para ello debe saberse cómo y porqué nace, no basta con embellecer un momento, debe ser la continuidad de las actuaciones en forma constante y consecuente, esto si se quiere que el amor permanezca en el tiempo.

 

Aunque existen amores de un momento, de una noche, de una semana, entiendo que hasta estos deben ser tratados con la misma delicadez y exquisitez, cuidando los detalles, viviendo no solo el cuerpo, que aunque importante, es quizás lo que al final menos cuenta realmente, ya que se trata de un vehículo que permite mediante sentidos físicos llegar a unos más elevados, que si son alcanzados y sostenidos se consigue disfrutar de una felicidad distinta, de algo diferente a pretender cubrir una necesidad fisiológica, instintiva y animal. Ya que una vez saciada esta, sin el amor, a través de las palabras, del cuidado de los detalles, del mimo de intentar satisfacer las necesidades anímicas de la otra persona, entonces el placer sobrepasará esos límites  a los que estamos acostumbrados y podremos proyectarnos a sentir en una forma tan profunda, tan especial, que habrá valido la pena el haber cultivado con cuidado y esmero los sentimientos propios y de nuestro amor, pues será como si se hubieran unificado para llegar a sentir y reaccionar en un mismo momento con un mismo pensamiento y un mismo sentimiento.

 

Estos momentos son para aquella persona que realmente llegue a vibrar y comenzar a sentir que algo cambia dentro de ellas mediante su comprensión, pues si es así es porque realmente se encuentra enamorada de algo o de alguien, no importa de qué o quién, pues lo fundamental es estarlo, sea de la vida, de una persona, de una ciudad, de un animal, de una planta, ello es señal que estamos vivos y sentimos, de que tenemos motivos para vivir esos momentos, los cuales son importantes vivirlos así, a pequeños sorbos, ya que si tomamos vino intentamos saborear cada trago, no la botella entera, si comemos algo que nos gusta degustamos cada bocado, no el plato completo; la vida es la suma de minúsculos instantes, cada uno nos dará una esperanza, un deseo del mañana, pero también un pasado, una enseñanza, una experiencia, y la suma de todos ellos, habrán conformado al final nuestra vida, para bien o para mal, pero serán el motivo final de haber vivido, si fuéramos capaces de revisar cada uno, alcanzaríamos a comprendernos y quizás, cuando llegara el momento final estar en paz con nosotros mismos, y sentirnos felices por todos esos infinitos breves e intensos momentos.

 

Al final he comprendido que aquello que ha penetrado tan intensamente en tu espíritu que ha llegado a conseguir conformar tu forma de ser y sentir, no se olvidará jamás, ni con el tiempo, ni con la alegría, ni con el dolor. Se llegarán a olvidar las personas, los años, las circunstancias, pero jamás los instantes y sensaciones, es más las adecuaremos en nuestra memoria a la forma en que queramos recordarlos, pues serán nuestros momentos, estos son parte de los míos, y quizás consigan ayudarte a darte cuenta o intensificar los tuyos.

 

Vicente José Gil Herrera

 

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