NUESTROS CAMINOS

Por mi vida aventurera, nómada y casi paria durante muchos años, causada principalmente por una inconsciente huida de mí mismo, sin comprender hasta mucho después de haber recorrido miles de kilómetros y decenas de países, que al huir llevas en tus maletas sentimentales tus cuitas. Y que el dolor, las ausencias y en ocasiones la desconfianza, te hacen encerrarte en ti mismo y no atreverte, o no ser capaz de transmitir tus sentimientos, sobre todo aquellos que son bellos, tiernos y afectivos, y que te parece que mostraran una debilidad que realmente tienes, pero que quieres mantener oculta.

 

Hoy, en el atardecer de mi vida, estoy dispuesto a reconocerlo abiertamente, aunque ya hace muchos años que lo comprendí, pero no tuve el valor de expresarlo. Y aunque parezca que está dirigido a una persona en concreto, la realidad, es que está dedicado a todos aquellos amores, que sin causa aparente divergieron de mi camino.

NUESTROS CAMINOS

Tú, que desconozco si me estás leyendo. Que fuiste una parte de mi existencia paria, y debido a los caprichos de la vida, nuestros caminos se separaron. Quizá pienses que te olvidé, desconozco si me recuerdas con ternura o dolor, con odio o con amor. Pero yo debo decirte, que la bifurcación del camino, no sirvió para que me olvidara de ti. Quedó grabado en mi alma, por y para siempre, pues todo lo que ame un día, lo sigo amando. Tuve enamoradas, vivencias bellas y amargas, pero las más terribles fueron al alejarme de esos amores, a los que quizá, por ser silente y reservado, no fui capaz de explicarles lo importantes que eran.

 

Pero si hoy soy así, (bueno o malo, la realidad no he querido evaluarme, ni lo haré nunca) se lo debo a las personas que amé. Pusieron los cimientos, las piedras que encastraron con solidez mis vivencias, las estructuras, las paredes y cerramientos donde quedó confinada una sensibilidad callada y oculta, que ha preservado en silencio los secretos de mi alma, hasta que ahora, ya en el ocaso de mi existencia, posiblemente porque está rebosante, o quizá por tener la obligación de reconocer, que aunque amé mucho, profunda y tiernamente, a pesar de ser poeta nunca me propuse expresarlo. Posiblemente por cobardía, por temor a volver a ser herido. Pensé, lo verán igual que yo veo que me aman. Creo ahora en la distancia del tiempo y el espacio, que me equivoqué. Que debí decir lo que me hacía feliz y lo que me tornaba infeliz, y habiendo amor hubiéramos buscado el equilibrio.

 

Por eso, si llegan a tus ojos estas letras, déjalas que penetren a tu corazón. Y ten la satisfacción de saber que te amé con locura, que guardo amor por ti y que siempre te amare.

 

Vicente José Gil Herrera

 

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