LOS HOMBRES NO LLORAN.

LOS HOMBRES NO LLORAN.

Cuantas veces cuando niño me dijeron esa frase. Miles, quizá hasta millones. Cada vez que me enfermaba, me caía, me hacía daño, me sumía en la tristeza. Siempre con la misma frase, intentaban que callara. Sorbía mis lágrimas y me prometía a mí mismo no llorar para ser hombre. Mas con el tiempo aprendí que es patrimonio del hombre (y cuando digo hombre me refiero al ser humano), llorar como una expresión del sentimiento del alma. He llorado tantas veces que ni puedo recordarla y mucho menos contarlas. He llorado de dolor, pero también por amor, por ternura e impotencia, por dicha o por desdicha, por alcanzar algún logro, por cansancio, por ver a otro ser sufrir, por sostener a un infante que se murió entre mis brazos, por no poder alcanzar una meta deseada habiendo dejado alma, corazón, sangre y sudor. Lloré por ensoñación; al perder un ser querido; cuando he visto que otra gente que con esfuerzo y tesón han conseguido llegar.

He llorado, y lloraré hasta el día que a mí me llegue la hora. Llorar desahoga el alma, aclara los sentimientos y cuando el llanto se acaba, retornaste a demostrar que eres humano y que sientes.

Hay muchos tipos de llanto, un llanto que manifiesta con quejas; con improperios; con gritos, y por qué no hasta puede con blasfemias. Unas lágrimas con hipo que dificultan pensar y alteran el corazón. Otras lagrimas terribles que te alteran las funciones del cuerpo y te resulta imposible el poderlas controlar. Y las lágrimas silentes, que me suelen asaltar, corren regatos salados por un rostro que impasible todo puede soportar, mientras se desgarra el alma, arrancándote jirones de sentimientos que callas, porque una vez cuando niño, te dijeron: Los hombres no lloran.

Parroquianos/as, no os cortéis, dar rienda suelta a ese llanto que atenaza la garganta e incluso tapona el alma hasta que logras romper en llanto consolador, como espita que se abre para soltar la presión. Los hombres si lloran.

Vicente José Gil Herrera

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