HALCÓN PEREGRINO.

Decidí buscar la libertad cuando me fugué de mi casa con 14 años. Y desde entonces ha formado parte de mi ser. Cuando algo o alguien han intentado coartarla, mi reacción ha sido escapar de lo que me oprime. Ello me hizo y me hace, que mi vida haya sido diferente, aventurera, inquieta, incluso aparentemente apátrida por la cantidad de lugares y países recorridos, por los amores vividos, por los trabajos desarrollados. Pero en realidad, cada una de mis vivencias, ha dejado una huella profunda en mí, que guardo y mimo con esmero para que no pueda perderse en la oscuridad de los tiempos. Soy un poco como aquel, que odiaba ser jardinero, pero que a la mitad de la noche, cuando nadie lo miraba, se levantaba en silencio para regar las macetas, les daba charlas sinceras y acariciaba sus hojas, más sin que nadie lo viera. La libertad es derecho, mas también obligación de respetando las vidas, hacer que tu corazón sienta cumplida la esencia que es la razón de vivir.

 

HALCÓN PEREGRINO.

 

Yo soy halcón peregrino

que gusta surcar los cielos.

Me gusta desde lo alto

ir revisando los suelos,

con indolencia aparente,

como si nada importara,

más me gusta la emoción

de cuando nadie lo espera,

dejarme caer picado

hasta poder estrellarme

y luego remontar el vuelo.

Que nadie intente encerrarme

o mostrarme cual trofeo

que se ha rendido en su cebo,

pues si consiguen atarme

me moriré de tristeza.

Quién pretenda conservarme

que de rienda suelta al vuelo,

que me deje en libertad

que siempre vuelvo yo al nido,

ese escondido en las rocas,

inaccesible y perdido,

pero que amo y respeto

por ser tan solo mi nido.

Yo quiero vivir al viento,

con ese pardo plumaje

que no es apercibido,

sentir el aire en la cara,

parecer estar perdido,

más vigilante y avieso

encontrarme prevenido.

Y cuando regrese al nido,

encontrarme a mi pareja,

que después de dar el vuelo

conmigo ella regresa.

No quiero sentirme preso,

prefiero morir volando

que encerrado en una jaula

o preso por una cadena,

quizás prefiera el destino

de morirme por un tiro

que un cazador con fortuna

pueda acertarme en el vuelo,

y al recogerme del suelo

y mostrarme sus amigos,

nunca sepa que en sus manos

está un halcón peregrino,

que se escapó de mil muertes,

que vivió cada destino,

que sufrió mil avatares

y vivió mil alegrías,

que nunca estuvo vencido

ni por el hambre o por el frio

ni por vientos o huracanes,

ni por tormenta o desanimo,

que siempre remontó el vuelo

aunque se encontrara herido,

tan solo tendrá en sus manos

el cadáver de un halcón

de la raza peregrino.

 

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