ESCRITOR ASILVESTRADO.

ESCRITOR ASILVESTRADO.

 Admiro, e incluso en ocasiones envidio en forma sana a los escritores y poetas, que son capaces de expresar sus pensamientos y poesías midiendo sílabas, cuidando la rima o la versificación y utilizando palabras bellas capaces de reflejar sus emociones y sentimientos. Son verdaderos artistas, a los que nunca intentaré emular.

 

Creo que yo nací y me crie para llegar a ser solo aprendiz de escritor o de poeta. Mi vida fue un devenir de caminar por el mundo. Estudié para las ciencias, pero me gustan las letras para escribir para mí. No pretendí publicar, ni que nadie me leyera, refleje mis pensamientos, mis sentimientos, mis gustos, alegrías y amarguras, con expresiones sencillas pues de esa forma viví y es la que entendía la gente que conmigo conversaba. Me he preciado de cerrero, como garañón salvaje que no obedece a los pasos que se le enseña en la doma, me gusta llevar mi paso, relinchar cuando me place, a veces cuando me espanto me desenfreno en carrera, y si apetece me paro y contemplando el paisaje, me pongo a pastar la hierba si me parece sabrosa. En las mujeres admiro a las que saben vestirse, maquillarse y decorarse, pues son hermosas, preciosas. Pero las que a mí me enamoran, son las que aprecio su tez, pequeñas imperfecciones que me dicen quienes son, las que mirando su rostro, su forma de comportarse, puedes saber que te encuentras ante algo natural. He vivido entre personas que nacieron en países de esos que llaman exóticos y algunos llaman salvajes, que con poquitas palabras, pero grandes sentimientos, cuando miraban tus ojos todo lo estaban diciendo.

 

Yo pido que me perdonen los doctos en este arte del que yo intento aprender, y nunca podré pasar de ser un pobre aprendiz, los admiro, los aplaudo, y les rindo cortesía al amplio conocimiento del que suelen hacer gala. Más yo les puedo jurar, que el desenfreno que muestro cuando me pongo a escribir, no sale de mi cerebro, emana del corazón que hace que con borrones, con medidas incorrectas, olvidándome la rima, escriba con sus dictados los sentimientos que bullen en la forma incontrolada, pugnando por la salida, atropellada y sin tino. Solo escribo sentimientos, esos que mandan al alma y no se pueden medir. ¿Cómo medir el amor? ¿Cómo mensurar los sueños? ¿Cómo pesar los silencios? Les juro que yo lo intenté, y siempre me equivoqué, cuando pensé que me amaban era solo un espejismo. Cuando sentí que mi alma no aguantaba más tristezas, vinieron muchas de golpe. Cuando pensé en experiencias que ya llevaba vividas, me llegaron a tropel otras nuevas que aprender. Llegando a la conclusión, que soy un hombre sencillo, que sin buscar lucimiento, quiero poner en escritos lo que siento en el momento. Y quien me quiera entender, debe saber que solo escribo dictados que me dice el corazón. Sin maquillar, sin un sastre que proporcione medidas, sin decorar lo que es bello, ni tan siquiera lo feo. Solo escribir lo que siento, admirando a los que saben y lo hacen tan correcto.

 

Vicente José Gil Herrera.

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