EL PARTERRE

Creo, pienso, siento y practico, que la mujer como tal y como persona, debe y tiene que tener los mismos derechos y libertades que el hombre.

EL PARTERRE

En un pequeño parterre mi vida se representa, mis amores son las rosas, que no sé cómo nacieron, pues yo nunca las planté. Quizá un azar de la vida, que una semilla llevó. Las nutrí y las regué, las contemplé con esmero, nunca todas a la vez, tan solo fui jardinero, que intentaba protegerlas. Nunca hojas arranqué, nunca nada les podé. Deje que fueran salvajes en el trocito de tierra que con mucho amor cuidé. Crecieron como quisieron, vivieron en libertad, nunca enderecé sus tallos, ni siquiera las guie. Pensé que la mejor forma, es que crecieran sintiendo que eran libres de marchar, o de quedarse conmigo el tiempo que desearan. Aunque la vida es quien manda y a veces las voluntades se truncan sin esperar. Nunca las celé de nadie. Eran hermosas, tan bellas que llamaban la atención y las rondaban galanes. Fueron mis rosas y son, pues cada una de ellas adorna mi corazón. Si hubo malos recuerdos, los deseché en el instante, guardando solo los buenos, para llegado el momento de este ocaso en que me encuentro solo admirara los oleos pintados con bellos trazos, que me recuerdan los lienzos más admirados del mundo. Porque ellos son mis vivencias.

Ay rosas de mis amores
que crecéis en libertad,
en ese pobre terruño
que he intentado alimentar.
Fuisteis amores pasados
que aún presentes están
y por más tiempo que pase
conmigo siempre estarán.
Descendencias que nacieron
de aquellas rosas hermosas
que en otros tiempos ame.
No fueron de mis semillas,
pues tampoco las planté
pero nacieron de ellas
de esas rosas que yo amé.
Algunas son capullitos
que ya vienen despuntando,
para enseñar su belleza
al mundo que llegaran.
Otras jóvenes lozanas
recuerdos de amores frescos
que aun emanan sus aromas,
recordándome a sus madres
aquellas que tanto amé.
Otras maduras y bellas
con lozanía en sus pétalos,
que perduran en el tiempo
y a ellas las adoré.
Otras que ya son ancianas
casi tanto como yo,
pero orgullosas y bellas
luciendo cierta arrogancia
en su hermosa dignidad.
Algunas ya yacen muertas
fueron perdiendo la vida
de esta fase terrenal.
A ellas las recogí,
con cuidado y con esmero,
fui recogiendo sus partes,
sus pétalos y corolas,
sus tallos y sus pistilos,
y en amor los enterré.
Pero sus sueños y amores
los he guardado en mi pecho
en un rincón de ese alma
donde guardo mis secretos,
para que nunca estén muertos.

Vicente José Gil Herrera

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