DAÑAR POR BONDAD.

De mi libro “Mi amigo José” en Amazon

 DAÑAR POR BONDAD.

 

Durante la guerra muchas personas encontraban a un familiar o a cualquier ser querido, de quienes habían sido separados por la división en que fue sumida España y por las diferentes facciones políticas que se posesionaron de las diversas zonas del País, ya que no todas las familias estaban juntas o vivían en la misma ciudad o región. Por ello, no supieron de sus familias hasta el final de la contienda. Debido a ello, muchas veces, algunos encontraban a un familiar que estaba pereciendo de hambre y por actitud y amor hacia él, le daban de comer todo lo que quería, pero en su bondad no tenían en cuenta, que debido al tiempo que llevaba sin ingerir alimentos, comería con gula, sin razonar que después habría más comida, y era tanto lo que comía que normalmente en vez de perecer de hambre, morían de cólico o de indigestión, o lo que es lo mismo morían por exceso de bondad.

 

Por ello lo importante es el equilibrio que hay en el ser humano, y saber comprender y amar a los demás, entendiendo que ni son buenos ni malos, que tienen de ambas cosas y que serán lo que hagamos de ellos.

 

A.─ Entonces, ¿por qué hay gente, que teniéndolo todo y habiéndolos tratado bien la vida, son malos?

 

J.─ Seguramente esas personas tienen dinero y riquezas, que es lo que tu llamas todo por el hecho de no tenerlos nosotros, pero no saben ver  la riqueza y belleza de los seres humanos y la vida, por ello, no saben ser felices con las pequeñas cosas y no encuentran el amor en ellas, mientras que nosotros sabemos hallarlas. Ellos piensan que pueden comprar la felicidad, y luchan por conseguir dinero y riquezas, que poder gastar en ser felices sin conseguirlo. De ahí que teniendo todo sigan buscando más, pues su insatisfacción les lleva a ello, y al no conseguirlo y ver a otros que con menos son felices, les hace aflorar esa maldad. ¿Tú qué prefieres ser, un hombre sumamente rico y poderoso, en un lugar donde no pudieras ver por la oscuridad absoluta, no pudieras entender la lengua de las personas que te rodean, y ellos, lógicamente, no pudieran entenderte, o ser como eres ahora, sin riquezas ni poder, pero viendo y entendiendo a la gente, conversando, jugando y compartiendo con ellos?

 

A.─ ¡Como ahora!

 

J.─¿ Ves?, tú conoces el «como ahora» pero ellos, no, y si alguna vez lo conocieron ya lo olvidaron, y entonces intentan comprar la luz debido a sus tinieblas, e igualmente algo que les haga entender y ser entendidos, pero equivocan el camino, y por eso se hacen intratables o malos como tú dices. No quiero decirte con esto que el dinero haga así a toda la gente, solo a aquellos que confunden los valores y que piensan que el dinero lo es todo y lo puede todo. Yo he conocido a hombres muy ricos que son muy felices, pues saben distinguir el valor del dinero y diferenciarlo de la amistad, del amor y de otros valores humanos, y nunca han intentado comprar estas cualidades con el dinero, sino que lo han utilizado para incrementarlas mediante la mitigación del hambre, la miseria, la necesidad y otros azotes que dañan al prójimo, mediante la implementación de puestos de trabajo y ayudas para estudios, y profesionalizaciones que dignifican al hombre en vez de humillarlo como haría una limosna. Entonces como recompensa encuentran el amor y respeto en esos seres y de otros que vieron sus acciones y el trato hacia sus semejantes.

 

Sé que te resultará muy difícil comprender que el dinero no hace la felicidad, pero quiero contarte parte de la historia de dos personas durante la guerra:

 

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